que solos en en el mar abierto.
Caminar, por ejemplo, de las manos agarradas
para no enloquecer en el desierto.
Sería más fácil decir una palabra
que mil en el silencio.
Comentar, por ejemplo, un plan
que callarlo y hacerlo incierto.
Sería más fácil detener con colores la esperanza
que dejarla ir en blanco y negro.
Escuchar con sabiduría la voz de la presencia
en vez del canto mismo de la ausencia.
Sería más fácil, pues, construirle a la distancia un solo puente
y al pasearlo sentirnos libres en cada encuentro.
Decirnos, por ejemplo, que en verdad valió la pena
reencontrarnos siempre en él con un beso, un abrazo,
con la alegría infinita de sabernos siempre juntos.
